viernes, abril 06, 2007

"Tengo...

...que hablar contigo, pero no quiero" me han dicho esta tarde.

Algo parecido me dijeron el otro día y al final, evidentemente, no quisieron; tan solo me dejaron caer una indirecta, por escrito, como quien no quiere la cosa: en un crucigrama habían seis palabras fuera de los cuadraditos. No dije nada. Las indirectas no van conmigo. Si alguien me quiere decir algo que lo haga con todas las letras y, a ser posible, con una cierta celeridad.

Digo celeridad porque resulta incómodo vivir con esa frase ("tengo que...) repitiéndose en mi cabeza (quizá es que la tengo vacía y lo que oigo es el eco!). Resulta incómodo, incordiante, desconcertante y desconcentrador (y, aunque sean fiestas, debería producir).

Si esa punta de velocidad no llega, la tendré que forzar/imponer yo. Lo que pasa es que tampoco va conmigo y como no tengo práctica, quizá me falla el tacto, doy demasiado gas y rompo la cadena. Éso sería peligroso. Una cadena rota puede trabar la rueda, bloquearla y provocar una caída del carajo. No, eso no sería deseable, pero a veces hay que correr riesgos, y éste no sería innecesario. Yo lo necesito, pero no sólo yo.

Así pues, gaaaaaaaaaaaaaaas!



"Jugo a la vida" by Los tucanes de Tijuana